sábado, 6 de junio de 2015

Reseña: Lacan y el discurso de la histérica, capítulo 7 de ¿Existe la mujer? De la histérica de Freud a lo femenino de Lacan de Paul Verhaeghe.

Waili Tatiana Gamboa Martínez.

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Paul Verhaeghe (1995) es un profesor Belga de psicología clínica  y psicoanálisis. Verhaeghe principalmente artículos en los que se combina el trabajo de Freud[1] y Lacan[2]  en una teoría de utilidad clínica, tal como lo hace en el texto aquí reseñado.
Lacan ha hecho explicito algunos conceptos que Freud había dejado de manera implícita en sus textos.

Freud no era estructuralista, y aunque a Lacan según la definición de estructuralismo podría ubicarse o no en esta corriente, es claro que Lacan fue “el único posfreudiano que elevó la teoría psicoanalítica a un nivel distinto y más alto”[3]

En un enfoque clásico se hace una observación, descripción, clasificación y generalización. Es decir, se pasaba de un individuo a la generalización a partir de unas categorías de un manual de psiquiatría que nunca concordaban.

“Lo interesante de este fracaso es que su núcleo consiste  en la tensión entre la realidad clínica y la conceptualización”[4]

Lacan resumió que el psicoanálisis es el estudio de lo particular, siendo consecuente con la propuesta de Freud de construir una categoría para cada paciente.

Lacan pasa esas mitos clásicos que uso Freud para sus categorías a estructuras formales. La más importante de las estructuras lacanianas es la teoría de discursos[5].


En estas estructuras formales Lacan representa todo con letras, ayudando con la abstracción, aunque no sea tan entretenido como los mitos clásicos de Freud.

Antes, la psique era concebida como una esencia “enterrada en algún lado” o incluso enterrado en si mismo, en el interior de la personalidad, y el inconsciente era el sótano, el depósito de los deseos. Para Lacan todo sucede afuera:
la identidad esta siempre afuera, con el otro o, más precisamente en la relación particular con ese otro”[6] esto, lo entenderemos más adelante, cuando intente explicar los discursos de Lacan.

En la comunicación, se aspira que haya un nivel de perfección para que haya fluidez entre el mensaje del emisor y el receptor. Lacan, parte del supuesto que la comunicación siempre fracasa, pero que además tiene que fracasar, pues esto es lo que hace que sigamos hablando.

“Afortunadamente las personas no se comprenden, de modo que tienen que hablarse”[7].

Asi como Foucault, en los discursos trabajo con el contenido, Lacan por el contrario entiende el sistema de discursos a partir de su forma.

Un discurso se inicia con alguien que habla, Lacan lo llama agente, este agente se dirige a alguien, la segunda posición, el otro. Este es el núcleo de toda teoría de la comunicación:

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Del resultado del discurso surge una producción:

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La posición de la verdad es la que imprime  el punto de vista psicoanalítico. Para Freud la verdad  es la que imprime el punto de partida de todos los discursos.

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El agente no habla, es hablado. Habla impulsado por un deseo, no porque el agente en si quiera, es decir “el ya no es amo en su propia casa”[1].
Para Lacan, la verdad no puede verbalizarse, y esto provoca una compulsión a repetir.
En el nivel superior del discurso tenemos dos divisiones, en el nivel superior esta la imposibilidad y en el inferior la impotencia.

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Imposibilidad: El agente es impulsado por la verdad, y como esta verdad no puede ser verbalizada, no se puede transmitir por completo el deseo la comunicación perfecta es imposible.

Impotencia: Tiene que ver con el vínculo de la producción con la verdad. Como el agente no puede transmitir bien el deseo, el otro  no puede responder correctamente.
Ahora bien, los cuatro discursos de Lacan, son las cuatro maneras de adoptar una posición por parte del sujeto.

Desde el punto de vista de Lacan la presencia de dos significantes es la condición necesaria para que haya un sujeto.

““Un significante es lo que representa a un sujeto para otro significante” de modo que el tercer término es el sujeto dividido, $”[1]

Desde el momento en que el hombre habla se convierte en sujeto del lenguaje, para mí no es muy claro, pero entiendo que cuando esto ocurre es cuando es sujeto se divide ($)
En estos discursos de Lacan también entra a, que es el deseo, el saber.

Discurso del amo:

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$ es la verdad oculta, y esta es que el S1 está divido, lo que para mí es que está siendo dominado por un discurso. Por otro lado, a, el deseo, no es visible para el sujeto divido ($).
El amo es lo que anteriormente llamamos agente, lo que ahora representamos como S1, y S2 sería el otro. Podemos ver en la figura V que el saber está en el lugar del otro, es decir, el amo es el amo, porque el otro sabe que S1 es el amo.

“Es el esclavo quien confirma por medio de su saber quién es el amo”[1]

El discurso de la histérica:



(Imagen no disponible)

La histérica siempre busca el deseo, el saber, pero también está dominada por un discurso, por eso no puede producir una respuesta.

La histérica (S1) depende de un amo, y es a este es que se supone que le otorga la respuesta, sin embargo el amo está sometido a una ley[1] (discurso = $)

El discurso de la histerica es un discurso de aquellos que buscan un amo porque no estan conformes con el que tienen. Es el discurso que cuestiona la realidad. 

El discurso de la analista:

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Este discurso es el opuesto al discurso del amo, pues es el S2 (otro) el que impulsa al S1 (agente) a darse cuenta que está bajo un discurso ($).

Lo podemos entender con el siguiente ejemplo, donde: S2= La amada y S1= Heroe
La amada, el objeto del deseo no puede hablar por una u otra razón, y el héroe tiene que crear una solución en el cual enfrenta esencialmente a su propio ser, un ser que antes desconocia” [1]

El discurso de la Universidad:

(Imagen no disponible)

Según el texto podemos, se puede entender que el saber es respaldado por un S1, es decir, se acude a una “autoridad intelectual” para dar validez.

Bibliografía: VERHAEGHE, Paul. ¿Existe la mujer? Barcelona, 1999. Paidos. Pág. 125- 153. 






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