lunes, 30 de mayo de 2016

Reseña: Inscribir y borrar. Cultura escrita y literatura (siglos XI-XVIII) de Roger Chartier.

Waili Tatiana Gamboa Martínez.

Roger Chartier, Nacido en Lyon el 9 de diciembre de 1945, es un historiador de la cuarta generación de la Escuela de Annales, especializado en Historia del libro y en las ediciones literarias.[1] Director de Estudios de la Escuela de Estudios Superiores de Ciencias Sociales, es uno de los investigadores franceses más reconocidos en el ámbito de la historia de la cultura.
Entre sus numerosas obras traducidas al castellano destacan El mundo como representación (1992), Libros, lecturas y lectores en la Edad Moderna (1993), El orden de los libros (1994), Historia de la lectura en el mundo occidental (1997) y Las revoluciones de la cultura escrita (2000).[2]
El temor a la pérdida obsesionó a las sociedades europeas, por eso fijaron mediante la escritura las huellas del pasado. La piedra, la madera, el tejido, el pergamino, el papel fueron los soportes de la memoria y los hombres.[3]
Sin embargo, en un mundo donde las escrituras podían ser borradas y donde los libros estaban amenazados por la destrucción habían un temor a la proliferación de textos sin control o límites y se reconoce la importancia de borrar y/u olvidar.[4]
Para entender la tensión entre la perdida y el temor al exceso es necesario cruzar la historia de la cultura escrita y la sociología de los textos, definida por D. F. McKenzie como “la disciplina que estudia los textos como formas registradas, asi como los procesos de su transmisión, incluyendo su producción y su recepción”[5] y la sociología de los textos quiere comprender como las sociedades humanas construyeron y transmitieron las significaciones construidas por los diferentes lenguajes que designan a los seres y las cosas, como “la cultura gráfica” que designa para cada sociedad el conjunto de los objetos escritos y las practicas que los producen.[6]
Chartier recuerda que la producción, no solo de los libros, sino de los “textos” es unn proceso más allá de la escritura que implica diferentes momentos, técnicas e intervenciones.[7]
Los soportes de la escritura y la memoria[8]:
Las “tablicas enceradas” eran uno de los soportes de la escritura esencial durante la edad media.
En los poemas de Baudri, la escritura está soportada en tres materiales: La cera de las tabletas, el pergamino de la carta o del libro, la piedra de los epitafios[9], para él, las tabletas son un regalo frecuente enviado, entregado o prometido como prenda de amistad.
La tabletas de cera son deseadas es porque sobre ellas es donde los autores redactan textos que luego un escriba transcribirá sobre el pergamino.[10] Es así, como se establece una distinción fundamental entre composición y transcripción.  
Según Mary Carruthers la creación poética implica un trabajo de rememoración e “inmersamente las tabletas son el soporte privilegiado pero no siempre necesario de la invención y de la composición poéticas, que convocan los materiales de las ideas y los fragmentos de textos clasificados en la memoria.”[11]
Se habla incluso, que la técnica de memorización es importante para las practicas intelectuales. Los poemas de Baudri exigían una memoria con la capacidad de retener todo de manera exacta y literal, tal como fue compuesto por su autor.
La poesía oral o épica en cambio autoriza una memorización y un recitado que pueda reemplazar una palabra por otra, o un verso por otro “a condición de que sea estrictamente respetada la distribución de los dáctilos y espondeos que ritman los hexámetros”[12].
Cervantes en “Don Quijote de la mancha” juega con la distancia de las dos memorias, la del individuo que puede ser “desfalleciente” y la colectiva y cultural “que constituye el repertorio movilizable por cada uno, incluso, o tal vez sobre todo por analfabetos”[13], como Sancho, que aunque puede olvidar hasta su nombre tiene la capacidad de recordar refranes, sentencias y cuentos trasmitidos por tradición oral propios de su pueblo. Pedro Mexia hace la distinción entre memoria de los “agudos de ingenio” y la de los “rudos”, como Sancho.[14] 
Como la memoria no es totalmente fiel, se hace uso de un “libro de la memoria”, que es una libreta tamaño bolsillo cuyas hojas están recubiertas por de un betún que permite escribir y borrar para reutilizar las páginas permitiendo fijar lo que se puede olvidar.[15]
Como dije, las tablas de cera no son el único soporte de escritura presente en los poemas de Baudri, el pergamino también está presente en tres formas: el libro, la carta, la misiva.[16]
Cyrano de Bergerac en États et Empires de la Lune juega con varios motivos presentes en la cultura escrita de su época, y así como Cervantes habló de los taller tipográficos Cyrano habla que los textos circulan por las lecturas en voz alta[17], además, en el siglo XVII por la publicación manuscrita, es decir que la invención de la imprenta no hizo desaparecer la circulación del manuscrito.[18]
Respecto al libro que sale del taller tipográfico, el manuscrito ofrece ventajas porque permite una difusión controlada de textos evitando que caigan en manos de ignorantes, además protege a las obras de ser alteradas.[19] Sin embrago, incluso cuando son impresas las obras no están a salvo de las alteraciones, pues hay dos razones para que se hagan cambios durante la impresión:
“La primera es la de las correcciones en prensa, que permite modificar una obra en curso de tirada. Si el texto de algunas páginas, tal como fue compuesto y ya impreso en cierta cantidad de hojas, es considerado todavía demasiado heterodoxo o indecente, es corregido y recompuesto antes de que se retome el trabajo de impresión. Por consiguiente, las nuevas hojas que salen de la prensa llevan un texto diferente del propuesto por las páginas impresas antes de la recomposición y que el impresor, por prurito de economía, no destruyó”[20]
El libro, un objeto con cuerpo y alma:
En El Quijote, Cervantes introduce al lector en la multiplicidad de tareas necesarias para que un texto se convierta en un libro: “…la composición de las páginas por los cajistas (“componer”), la corrección de las primeras hojas impresas como pruebas (“corregir”), la rectificación por parte de los cajistas de los errores descubiertos en las páginas corregidas (“enmendar”) y, finalmente, la impresión de las formas, o sea, del conjunto de las páginas destinadas a ser impresas del mismo lado de una hoja de imprenta, por los obreros de la prensa (“tirar”).”[21]
En cuento a la corrección hay cuatro tipos de correctores: los graduados de las universidades, que conocen la gramática, la teología y el derecho, pero por no ser impresores ignoran todo de las técnicas del oficio; los maestros impresores, conocedores en la lengua latina; los cajistas más expertos que aunque no sepan latín se pueden apoyar en alguien que lo sepa y los ignorantes o libreros.[22]
El corrector debe localizar los errores de los cajistas, además tiene la obligación de rechazar la impresión de cualquier libro que tenga algo prohibido por el Santo Tribunal, o que este contra loa fe, el rey o la república. Por último el corrector es el encargado de darle la forma final al texto añadiendo una buena puntuación respetando el concepto del autor.[23]
Los traductores, “son los primeros “autores” que reciben por su manuscrito no sólo ejemplares de su obra, destinados a ser ofrecidos a sus protectores, sino también una remuneración monetaria”[24]. Esta es una primera etapa de la profesionalización del trabajo de escritura, ligada a una actividad emparentada con la copia.[25]
Melchor de Cabrera Nuñez de Guzman sostiene que el arte de la imprenta es un arte liberal y no mecánico, para Paredes por eso el libro tiene una doble naturaleza, como objeto y como obra, él considera el libro una creación divina, porque como los hombres los libros tienen cuerpo y alma.[26]
Las noticias:
En una obra de Ben Jonson retrata a manera de comedia como el percibía el mundo de la prensa.
En una oficina trabajan tres empleados: El corrector, el regidor y dos oficiales que ordenan archivan, sellan y publican las noticias.[27]  Cada noticia que llega a la oficina es examinada, registrada, distribuida y clasificada, se distribuye en diferentes ficheros organizados por rúbricas temáticas, y en el interior de estas, en orden alfabético.[28] 
Hay otros criterios para clasificar las noticias, uno, es a partir de las diferentes etapas del año: “”Vacations newes” para el tiempo de los feriados  de las cortes de justicia de Westminister Hall, “Terme-newes” para el de su ejercicio, que es una época de fuerte actividad para los negocios y la publicación de nuevos libros, y “Christmas-newes” para el periodo festivo, propicio para las representaciones teatrales, tanto en la Corte como en la ciudad, que ocupan los doce días que separan Navidad de “Twelfth Night, la Noche de Reyes.”[29]. Otro criterio era por temas políticos y religiosos.
La gente consideraba que lo impreso era garantía de que las noticias eran verdaderas, sin embargo esto no resulta ser garantía de veracidad.
Las gacetas manuscritas permiten una circulación más libre de la información.
La obra de Ben Jonson tiene una moraleja que “…no apunta solamente a estigmatizar los vicios de las existencias privadas, como, por ejemplo, la prodigalidad insensata de los herederos imprudentes, sino sobre todo a denunciar los peligros que amenazan la cosa pública y la autoridad del soberano”[30].  
La metáfora:
La metáfora se desplaza sobre el propio discurso, tiene una naturaleza ambigua pues depende de sus lectores y/u oyentes.
Con los romanos la metáfora se vuelve ordinaria, porque es usada en todos los medios escritos y además ya no es usada en la oralidad, sino solo en lo escrito.[31]
Las mujeres tejiendo textos:
Las mujeres estaban alejadas de los textos, eran encerradas en los espacios privados de las casas y su oficio era tejer. Sin embrago, la dominación masculina no logró contralar que se trasgredieran roles, y es como Chartier cuenta que las mujeres con “el lenguaje de la aguja” escriben sus textos.[32] Las mujeres escribían con la aguja las letras de los alfabetos, cifras, oraciones o textos cortos.
Al bordar letras, están haciendo lo impuesto por la sociedad, pero el ser también un ejercicio de escritura les permite construir otra imagen de si mismas y una existencia no sometida del todo a los hombres.[33]
¿Revolución de la lectura?:
La primera dimensión la revolución de la lectura fue en el siglo XVIII se medicaliza los estudios sobre el ejercicio de la lectura pensada desde sus efectos corporales, considerando el exceso de la lectura como una enfermedad porque se asocia con la inmovilidad del cuerpo y la movilidad de la imaginación, además cuando es un ejercicio solitario puede conducir al rechazo de la realidad.[34]
 Una segunda dimensión en la revolución de la lectura tiene que ver con la hipótesis que opone una lectura tradicional llamada “intensiva” a una lectura moderna llamada “extensiva”[35]. Según Rolf Engelsing el lector “intensivo” “era enfrentado a un conjunto limitado de textos, leídos y releídos, memorizados y recitados, oídos y sabidos de memoria, transmitidos de generación en generación”[36]. El lector “extensivo” que aparece en el siglo XVIII es muy diferente “lee numerosos impresos, nuevos, efímeros, nuevos, efímeros, los consume con avidez y rapidez. Su mirada es distanciada y critica”.[37]
En todos los países, el crecimiento de la laicización, la circulación de los libros prohibidos, la multiplicación de los periódicos y lugares donde se podía leer sin necesidad de comprar imponen nuevas maneras de leer. Sin embrago, esto para Chartier no es una revolución de la lectura, él plantea mejor interrogarse sobre las situaciones en las cuales las personas leen y las condiciones sociales de la producción de lectores.[38]
En este libro, Chartier, al igual que varios Modernos se formuló las preguntas ¿Qué es un libro? ¿Qué es la literatura?, finalmente, para Chartier, un libro son varias estructuras verbales que entabla dialogo con el lector.[39]
Bibliografía:
·         CHARTIER, Roger. Inscribir y borrar. Cultura escrita y literatura (Siglos XI-XVIII). Katz editores. Buenos Aires, 2006.  
·         Chartier Roger. Que de libros. Tomado de: http://www.quedelibros.com/autor/11551/Chartier-Roger.html el 21 de Marzo 2016.
·         Roger Chartier. Círculo de bellas artes de Madrid. Tomado de: http://www.circulobellasartes.com/biografia/roger-chartier/ el 21 de Marzo 2016.



[1] Chartier Roger. Que de libros. Tomado de: http://www.quedelibros.com/autor/11551/Chartier-Roger.html el 21 de Marzo 2016.
[2] Roger Chartier. Círculo de bellas artes de Madrid. Tomado de: http://www.circulobellasartes.com/biografia/roger-chartier/ el 21 de Marzo 2016.
[3] CHARTIER, Roger. Inscribir y borrar. Cultura escrita y literatura (Siglos XI-XVIII). Katz editores. Buenos Aires, 2006. Pág. 9.
[4] Ibidem.
[5] Ibidem.
[6] Ibidem. Pág. 10.
[7] Inidem. Pág. 11.
[8] Los subtitulos son mios.
[9] CHARTIER, Roger. Inscribir y borrar. Cultura escrita y literatura (Siglos XI-XVIII). Katz editores. Buenos Aires, 2006. Pág. 21.
[10] Ibidem. Pág. 23.
[11] Ibidem. Pág. 27.
[12] Ibidem. Pág. 28.
[13] Ibidem. Pág. 45.
[14] Ibidem. Pág. 46.
[15] Ibiem. Pág. 52.
[16] Ibidem. Pág. 29.
[17] Ibidem. Pág. 124.
[18] Ibidem. Pág. 137.
[19] Ibidem. Pág. 138.
[20] Ibidem. Pág. 142.
[21] Ibidem. Pág. 62.
[22] Ibidem. Pág. 63.
[23] Ibidem.
[24] Ibidem. Pág. 74.
[25] Ibidem.
[26] Ibidem. Pág. 66.
[27] Ibidem. Pág. 92.
[28] Ibidem. Pág. 93.
[29] Ibidem. Pág. 94.
[30] Ibidem. Pág. 108.
[31] Ibidem. Pág. 171.
[32] Ibidem. Pág. 179.
[33] Ibidem. Pág. 182.
[34] Ibidem. Pág. 195.
[35] Ibidem. Pág. 196.
[36] Ibidem. Pág. 196.
[37] Ibiem.
[38] Ibidem. Pág. 199.
[39] Ibidem. Pág. 238. 

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