Waili Tatiana Gamboa
Martínez.
Roger Chartier, Nacido en Lyon el 9 de
diciembre de 1945, es un historiador de la cuarta generación de la Escuela de
Annales, especializado en Historia del libro y en las ediciones literarias.[1] Director de Estudios de la Escuela de
Estudios Superiores de Ciencias Sociales, es uno de los investigadores
franceses más reconocidos en el ámbito de la historia de la cultura.
Entre sus numerosas
obras traducidas al castellano destacan El
mundo como representación (1992), Libros, lecturas y lectores en la
Edad Moderna (1993), El
orden de los libros (1994), Historia de la lectura en el mundo
occidental (1997) y Las revoluciones de la cultura
escrita (2000).[2]
El temor a la pérdida
obsesionó a las sociedades europeas, por eso fijaron mediante la escritura las
huellas del pasado. La piedra, la madera, el tejido, el pergamino, el papel
fueron los soportes de la memoria y los hombres.[3]
Sin embargo, en un
mundo donde las escrituras podían ser borradas y donde los libros estaban
amenazados por la destrucción habían un temor a la proliferación de textos sin
control o límites y se reconoce la importancia de borrar y/u olvidar.[4]
Para entender la
tensión entre la perdida y el temor al exceso es necesario cruzar la historia
de la cultura escrita y la sociología de los textos, definida por D. F.
McKenzie como “la disciplina que estudia
los textos como formas registradas, asi como los procesos de su transmisión,
incluyendo su producción y su recepción”[5]
y la sociología de los textos quiere comprender como las sociedades humanas
construyeron y transmitieron las significaciones construidas por los diferentes
lenguajes que designan a los seres y las cosas, como “la cultura gráfica” que
designa para cada sociedad el conjunto de los objetos escritos y las practicas
que los producen.[6]
Chartier recuerda que
la producción, no solo de los libros, sino de los “textos” es unn proceso más
allá de la escritura que implica diferentes momentos, técnicas e
intervenciones.[7]
Los soportes de la escritura y la memoria[8]:
Las “tablicas
enceradas” eran uno de los soportes de la escritura esencial durante la edad
media.
En los poemas de
Baudri, la escritura está soportada en tres materiales: La cera de las
tabletas, el pergamino de la carta o del libro, la piedra de los epitafios[9],
para él, las tabletas son un regalo frecuente enviado, entregado o prometido
como prenda de amistad.
La tabletas de cera
son deseadas es porque sobre ellas es donde los autores redactan textos que
luego un escriba transcribirá sobre el pergamino.[10]
Es así, como se establece una distinción fundamental entre composición y
transcripción.
Según Mary Carruthers
la creación poética implica un trabajo de rememoración e “inmersamente las tabletas son el soporte privilegiado pero no siempre
necesario de la invención y de la composición poéticas, que convocan los
materiales de las ideas y los fragmentos de textos clasificados en la memoria.”[11]
Se habla incluso, que
la técnica de memorización es importante para las practicas intelectuales. Los
poemas de Baudri exigían una memoria con la capacidad de retener todo de manera
exacta y literal, tal como fue compuesto por su autor.
La poesía oral o
épica en cambio autoriza una memorización y un recitado que pueda reemplazar
una palabra por otra, o un verso por otro “a
condición de que sea estrictamente respetada la distribución de los dáctilos y
espondeos que ritman los hexámetros”[12].
Cervantes en “Don Quijote
de la mancha” juega con la distancia de las dos memorias, la del individuo que
puede ser “desfalleciente” y la colectiva y cultural “que constituye el repertorio movilizable por cada uno, incluso, o tal
vez sobre todo por analfabetos”[13],
como Sancho, que aunque puede olvidar hasta su nombre tiene la capacidad de
recordar refranes, sentencias y cuentos trasmitidos por tradición oral propios
de su pueblo. Pedro Mexia hace la distinción entre memoria de los “agudos de
ingenio” y la de los “rudos”, como Sancho.[14]
Como la memoria no es
totalmente fiel, se hace uso de un “libro de la memoria”, que es una libreta
tamaño bolsillo cuyas hojas están recubiertas por de un betún que permite
escribir y borrar para reutilizar las páginas permitiendo fijar lo que se puede
olvidar.[15]
Como dije, las tablas
de cera no son el único soporte de escritura presente en los poemas de Baudri,
el pergamino también está presente en tres formas: el libro, la carta, la
misiva.[16]
Cyrano de Bergerac en
États et Empires de la Lune juega con
varios motivos presentes en la cultura escrita de su época, y así como
Cervantes habló de los taller tipográficos Cyrano habla que los textos circulan
por las lecturas en voz alta[17],
además, en el siglo XVII por la publicación manuscrita, es decir que la
invención de la imprenta no hizo desaparecer la circulación del manuscrito.[18]
Respecto al libro que
sale del taller tipográfico, el manuscrito ofrece ventajas porque permite una
difusión controlada de textos evitando que caigan en manos de ignorantes, además
protege a las obras de ser alteradas.[19]
Sin embrago, incluso cuando son impresas las obras no están a salvo de las
alteraciones, pues hay dos razones para que se hagan cambios durante la
impresión:
“La primera es la de las correcciones en prensa, que permite
modificar una obra en curso de tirada. Si el texto de algunas páginas, tal como
fue compuesto y ya impreso en cierta cantidad de hojas, es considerado todavía
demasiado heterodoxo o indecente, es corregido y recompuesto antes de que se
retome el trabajo de impresión. Por consiguiente, las nuevas hojas que salen de
la prensa llevan un texto diferente del propuesto por las páginas impresas
antes de la recomposición y que el impresor, por prurito de economía, no
destruyó”[20]
El libro, un objeto con cuerpo y alma:
En El Quijote, Cervantes introduce al
lector en la multiplicidad de tareas necesarias para que un texto se convierta
en un libro: “…la composición de las
páginas por los cajistas (“componer”), la corrección de las primeras hojas
impresas como pruebas (“corregir”), la rectificación por parte de los cajistas
de los errores descubiertos en las páginas corregidas (“enmendar”) y,
finalmente, la impresión de las formas, o sea, del conjunto de las páginas
destinadas a ser impresas del mismo lado de una hoja de imprenta, por los
obreros de la prensa (“tirar”).”[21]
En cuento a la
corrección hay cuatro tipos de correctores: los graduados de las universidades,
que conocen la gramática, la teología y el derecho, pero por no ser impresores
ignoran todo de las técnicas del oficio; los maestros impresores, conocedores
en la lengua latina; los cajistas más expertos que aunque no sepan latín se
pueden apoyar en alguien que lo sepa y los ignorantes o libreros.[22]
El corrector debe
localizar los errores de los cajistas, además tiene la obligación de rechazar
la impresión de cualquier libro que tenga algo prohibido por el Santo Tribunal,
o que este contra loa fe, el rey o la república. Por último el corrector es el
encargado de darle la forma final al texto añadiendo una buena puntuación
respetando el concepto del autor.[23]
Los traductores, “son los primeros “autores” que reciben por
su manuscrito no sólo ejemplares de su obra, destinados a ser ofrecidos a sus
protectores, sino también una remuneración monetaria”[24].
Esta es una primera etapa de la profesionalización del trabajo de
escritura, ligada a una actividad emparentada con la copia.[25]
Melchor de Cabrera
Nuñez de Guzman sostiene que el arte de la imprenta es un arte liberal y no
mecánico, para Paredes por eso el libro tiene una doble naturaleza, como objeto
y como obra, él considera el libro una creación divina, porque como los hombres
los libros tienen cuerpo y alma.[26]
Las noticias:
En una obra de Ben
Jonson retrata a manera de comedia como el percibía el mundo de la prensa.
En una oficina
trabajan tres empleados: El corrector, el regidor y dos oficiales que ordenan
archivan, sellan y publican las noticias.[27] Cada noticia que llega a la oficina es
examinada, registrada, distribuida y clasificada, se distribuye en diferentes
ficheros organizados por rúbricas temáticas, y en el interior de estas, en
orden alfabético.[28]
Hay otros criterios
para clasificar las noticias, uno, es a partir de las diferentes etapas del
año: “”Vacations newes” para el tiempo de
los feriados de las cortes de justicia
de Westminister Hall, “Terme-newes” para el de su ejercicio, que es una época
de fuerte actividad para los negocios y la publicación de nuevos libros, y
“Christmas-newes” para el periodo festivo, propicio para las representaciones
teatrales, tanto en la Corte como en la ciudad, que ocupan los doce días que
separan Navidad de “Twelfth Night, la Noche de Reyes.”[29].
Otro criterio era por temas políticos y religiosos.
La gente consideraba
que lo impreso era garantía de que las noticias eran verdaderas, sin embargo
esto no resulta ser garantía de veracidad.
Las gacetas
manuscritas permiten una circulación más libre de la información.
La obra de Ben Jonson
tiene una moraleja que “…no apunta
solamente a estigmatizar los vicios de las existencias privadas, como, por
ejemplo, la prodigalidad insensata de los herederos imprudentes, sino sobre
todo a denunciar los peligros que amenazan la cosa pública y la autoridad del
soberano”[30].
La metáfora:
La metáfora se
desplaza sobre el propio discurso, tiene una naturaleza ambigua pues depende de
sus lectores y/u oyentes.
Con los romanos la
metáfora se vuelve ordinaria, porque es usada en todos los medios escritos y
además ya no es usada en la oralidad, sino solo en lo escrito.[31]
Las mujeres tejiendo textos:
Las mujeres estaban
alejadas de los textos, eran encerradas en los espacios privados de las casas y
su oficio era tejer. Sin embrago, la dominación masculina no logró contralar
que se trasgredieran roles, y es como Chartier cuenta que las mujeres con “el
lenguaje de la aguja” escriben sus textos.[32]
Las mujeres escribían con la aguja las letras de los alfabetos, cifras,
oraciones o textos cortos.
Al bordar letras,
están haciendo lo impuesto por la sociedad, pero el ser también un ejercicio de
escritura les permite construir otra imagen de si mismas y una existencia no
sometida del todo a los hombres.[33]
¿Revolución de la lectura?:
La primera dimensión la
revolución de la lectura fue en el siglo XVIII se medicaliza los estudios sobre
el ejercicio de la lectura pensada desde sus efectos corporales, considerando
el exceso de la lectura como una enfermedad porque se asocia con la inmovilidad
del cuerpo y la movilidad de la imaginación, además cuando es un ejercicio
solitario puede conducir al rechazo de la realidad.[34]
Una segunda dimensión en la revolución de la
lectura tiene que ver con la hipótesis que opone una lectura tradicional
llamada “intensiva” a una lectura moderna llamada “extensiva”[35].
Según Rolf Engelsing el lector “intensivo” “era
enfrentado a un conjunto limitado de textos, leídos y releídos, memorizados y
recitados, oídos y sabidos de memoria, transmitidos de generación en generación”[36].
El lector “extensivo” que aparece en el siglo XVIII es muy diferente “lee numerosos impresos, nuevos, efímeros,
nuevos, efímeros, los consume con avidez y rapidez. Su mirada es distanciada y
critica”.[37]
En todos los países,
el crecimiento de la laicización, la circulación de los libros prohibidos, la
multiplicación de los periódicos y lugares donde se podía leer sin necesidad de
comprar imponen nuevas maneras de leer. Sin embrago, esto para Chartier no es
una revolución de la lectura, él plantea mejor interrogarse sobre las
situaciones en las cuales las personas leen y las condiciones sociales de la
producción de lectores.[38]
En este libro,
Chartier, al igual que varios Modernos se formuló las preguntas ¿Qué es un
libro? ¿Qué es la literatura?, finalmente, para Chartier, un libro son varias
estructuras verbales que entabla dialogo con el lector.[39]
Bibliografía:
·
CHARTIER, Roger. Inscribir
y borrar. Cultura escrita y literatura (Siglos XI-XVIII). Katz editores.
Buenos Aires, 2006.
·
Chartier
Roger. Que de libros. Tomado de: http://www.quedelibros.com/autor/11551/Chartier-Roger.html el 21 de
Marzo 2016.
·
Roger Chartier. Círculo de bellas artes de Madrid.
Tomado de: http://www.circulobellasartes.com/biografia/roger-chartier/ el 21 de
Marzo 2016.
[1] Chartier Roger. Que de libros. Tomado de: http://www.quedelibros.com/autor/11551/Chartier-Roger.html el 21 de Marzo 2016.
[2] Roger Chartier. Círculo de bellas artes de Madrid. Tomado de: http://www.circulobellasartes.com/biografia/roger-chartier/ el 21 de Marzo 2016.
[3] CHARTIER, Roger. Inscribir
y borrar. Cultura escrita y literatura (Siglos XI-XVIII). Katz editores.
Buenos Aires, 2006. Pág. 9.
[9] CHARTIER, Roger. Inscribir y
borrar. Cultura escrita y literatura (Siglos XI-XVIII). Katz editores.
Buenos Aires, 2006. Pág. 21.
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